Las jornadas de autocuidado se han vuelto esenciales para renovar la energía de los equipos. No se trata solo de “tomar un descanso”, sino de crear espacios para resetear el cuerpo, despejar la mente y reconectar con el grupo.
- Menos estrés, más respiro
No es magia. A veces solo hace falta pausar, moverse un poco y desconectarse del ritmo acelerado del trabajo. El cuerpo lo agradece al instante, y la tensión disminuye de forma natural. - El equipo se suelta, se escucha más
Estar fuera del entorno habitual cambia la dinámica. Las personas conversan con más apertura, sin tanta estructura, y eso mejora la conexión interna. - Surgen ideas que no aparecen frente al computador
Entre una dinámica, una caminata o un ejercicio simple, siempre surge un comentario que desbloquea nuevas perspectivas. No forzado, sino porque el ambiente facilita la creatividad. - Las personas se sienten vistas y cuidadas
Este tipo de experiencias deja un mensaje poderoso: “importas, no solo como profesional”. Esa sensación de reconocimiento permanece incluso después de volver a las tareas. - Se genera un clima más liviano al regresar
El retorno tiene otra energía. El ambiente se vuelve más colaborativo, menos tenso y mucho más fluido. Y eso se nota en la forma en que el equipo trabaja y se relaciona.































